Eric Mendelshon

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e.m

Arquitecto alemán cuyos diseños curvilíneos y expresionistas representaron una alternativa al estilo funcionalista imperante en el siglo XX. Llamó la atención en 1918 con una serie de bocetos que aportaban una nueva manera de hacer arquitectura. Son visiones fantásticas y estilizadas de silos, naves, estaciones, crematorios, estudios de cine, rascacielos, que recuerdan a veces los proyectos del futurista Sant Elia. Pero lo que destaca en estos dibujos mínimos, más que la función proyectual, es el valor de la forma pura sobre la hoja en blanco, la “mise en page” que los hace semejantes a preciosos ex-libris. Sus trazos evocan vívidamente las primeras abstracciones de Kandinsky. Y la afinidad se confirma en el gusto de Mendelsohn por la analogía con la música, en sus “bocetos musicales” de edificios, expuestos aquí, que llevan títulos como “Agnus Dei” o “Coda-Scherzo” y aluden a veces a partituras concretas de Bach (“Suites inglesas”) o de Brahms (“Sexteto”, “Trío”).

Se basaba en la utilización expresionista de diseños curvos tanto en líneas como en volúmenes. Erich Mendelsohn debe su fama a una sola obra, el observatorio y laboratorio astrofísico de Potsdam 1921, la célebre “Torre Einstein” que figura en todos los manuales de historia de la arquitectura. Esa pieza, con su inaudita plasticidad, es un extraño eslabón entre las curvas biomórficas del “art noveau” (por ejemplo, de Henry van de Velde, a quien Mendelsohn admiraba) y el “streamlining”, el estilo aerodinámico que se impondría en los años treinta. Entre lo orgánico y lo mecánico, entre la antigua caligrafía ornamental y las nuevas formas de velocidad, el lenguaje de Mendelsohn es una pura metamorfosis y una constante fluctuación.

tower La Torre Einstein 1921. Como dinámica del edificio es como un barco que avanza, dominado por una alta proa.

 

 

 

 

 

 

 

En la obra de Mendelsohn alienta un impulso visionario, y el arquitecto conoció sobre el terreno todas las utopías de su época. Visitó la Unión Soviética en 1925. El camino del exilio, tras la llegada de los nazis al poder, le condujo a Palestina, donde sus hermanos de raza (Mendelsohn era judío) construían el sueño del sionismo.

aquí tenemos sus proyectos de hospitales para Haifa y Jerusalén. La tercera tierra prometida fue América; ya en 1926, Mendelsohn había publicado un libro ilustrado que expresaba toda su atracción por los Estados Unidos. allí conoció su último período creativo, y si en Palestina había construido hospitales, en Norteamérica se dedicó especialmente a los edificios religiosos judíos. El itinerario de esta exposición concluye con los proyectos (1946-1953) de sinagogas y centros comunitarios en Gran Rapids (Michigan), Cleveland, Baltimore, St. Louis, Washington o St. Paul (Minnesota), como fascinantes variaciones sobre un único tema.

Vanessa Correa.

 

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